La literatura y los
jóvenes de hoy: charlando con Laiseca
El
salon principal del cine Gran Rex se
tiñó de un tono particular. Se percibía un clima silencioso con algunos bemoles
de murmullos, que anticipaba la llegada de Alberto Laiseca. Faltando cuarenta
minutos para el inicio de la proyección de la película, el escritor llegó. Ese
hombre que hace un tiempo veíamos a través de la pantalla, entre una nube de
humo, relatando algún buen cuento de Poe, ahora estaba ahí, frente a nosotras.
Y su apariencia no era la misma, pero ese tono misterioso se mantenía firme.
Ubicado
en una de las esquinas del bar del salón, la presencia de Laiseca era
imponente. Su voz hostil, pero a la vez serena, generaban, inevitablemente,
cierta tensión y atención hacia su persona.
Nos
acercamos hacia la mesita, y dimos inicio a la entrevista. Laiseca se mostraba
un tanto impaciente, buscaba ir a lo concreto, sin vueltas. La extensión de sus
respuestas dependía, claramente, del interés que tenía en el tema de la
pregunta. Lo que no le importaba, no lo respondía.
El
escritor mostró un dejo de pesimismo en su visión sobre el rol de la literatura
en la sociedad. Planteó cierto escepticismo respecto al rol del intelectual en
la sociedad argentina contemporánea, ya que “en estos tiempos casi nadie
lee”. Sin embargo, Laiseca nos permitió
entrever una veta optimista: nos contó acerca de su participación en diferentes
talleres de lecto-escritura (en los cuales participa ya hace más de veinte
años) y la importancia que le atribuye a la creatividad en el desarrollo
humano. Es decir, la apuesta en lo artístico sigue en pié.
El
tiempo para el inicio de la proyección
de la película se acercaba. Con un poco de presión por cerrar la entrevista,
pero más relajadas por haber quebrado esa distancia con el escritor, nos
despedimos.
Más
allá del aspecto hostil que proyecta Laiseca, o del escepticismo que muestra en
cuanto a lo literario y a la juventud de nuestros tiempos, podemos afirmar que
él sigue creyendo en el arte, y que, implícitamente, nos invita a
involucrarnos.
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