Entramos a la sala ansiosas, conocíamos de que trataba la película "Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo", la historia de un hombre que realiza un pacto con el diablo, a cambio de un millón de dólares, con la condición de volver a vivir 10 años de su vida, nos parecía una trama muy interesante más teniendo en cuenta la categoría de los directores (Mariano Cohn- Gastón Duprat) y toque ácido de Alberto Laiseca, pero igual esperábamos encontrarnos con algunas sorpresas.
Ni bien comenzó a transmitirse la película todos los presentes empezamos a soltar carcajadas interminables, ya que a cada acontecimiento desafortunado que le ocurría al personaje le sucedía otro. Con el grupo no dejábamos pasar ocasión para comentar lo que veíamos al mismo tiempo que ,inevitablemente, sentíamos pena por el personaje, creo que ese fue un sentimiento generalizado en la sala. Luego de finalizada la película y con una mueca de risa todavía en la cara, salimos rápido de la sala para ganar unos lugares en la silla cerca de Laiseca quién iba a responder preguntas al público. Por suerte encontramos lugares vacíos, repartidos entre la multitud, alguna estaba bien adelante, otra un poco más escondida, pero en fin, lo importante era poder escuchar lo que tenía para decirnos aquel gran escritor.
Entre un rico aroma a pochoclo y murmullos de las personas que trataban de acomodarse comenzó la tan ansiada conferencia. Alberto Laiseca saludó a los presentes con una voz un poco apagada y ronca por el cigarrillo, y luego se dispuso a contentar preguntas. Tímidamente comenzaron a levantarse algunas manos, nosotras con cámaras, cuadernos y lápices para escribir y celulares con grabadora estamos preparadas para registrarlo todo.
A las preguntas que realizaban los presentes, Laiseca las contestó con el tono irónico y particular que lo caracteriza. Lo que a los presentes nos hizo reír y reflexionar. Mas aún al configurarse a si mismo como peligroso "Miro y escucho, y eso no lo hace nadie".
Lo que me hace pensar que nadie de allí se fue disconforme, ya que las respuestas que dio Laiseca hicieron que más de uno nos vayamos reflexionando sobre diversos temas.
Sofía Juárez
Ni bien comenzó a transmitirse la película todos los presentes empezamos a soltar carcajadas interminables, ya que a cada acontecimiento desafortunado que le ocurría al personaje le sucedía otro. Con el grupo no dejábamos pasar ocasión para comentar lo que veíamos al mismo tiempo que ,inevitablemente, sentíamos pena por el personaje, creo que ese fue un sentimiento generalizado en la sala. Luego de finalizada la película y con una mueca de risa todavía en la cara, salimos rápido de la sala para ganar unos lugares en la silla cerca de Laiseca quién iba a responder preguntas al público. Por suerte encontramos lugares vacíos, repartidos entre la multitud, alguna estaba bien adelante, otra un poco más escondida, pero en fin, lo importante era poder escuchar lo que tenía para decirnos aquel gran escritor.
Entre un rico aroma a pochoclo y murmullos de las personas que trataban de acomodarse comenzó la tan ansiada conferencia. Alberto Laiseca saludó a los presentes con una voz un poco apagada y ronca por el cigarrillo, y luego se dispuso a contentar preguntas. Tímidamente comenzaron a levantarse algunas manos, nosotras con cámaras, cuadernos y lápices para escribir y celulares con grabadora estamos preparadas para registrarlo todo.
A las preguntas que realizaban los presentes, Laiseca las contestó con el tono irónico y particular que lo caracteriza. Lo que a los presentes nos hizo reír y reflexionar. Mas aún al configurarse a si mismo como peligroso "Miro y escucho, y eso no lo hace nadie".
Lo que me hace pensar que nadie de allí se fue disconforme, ya que las respuestas que dio Laiseca hicieron que más de uno nos vayamos reflexionando sobre diversos temas.
Sofía Juárez
No hay comentarios:
Publicar un comentario